¡Resumen fotográfico del 2013!

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 Kusudungún 

Tengo un amigo que para definir lo indefinible usa la palabra kusudungún.  Si le sirven un simple caldo de pollo, con los ingredientes básicos de siempre pero especialmente sabroso, dice que el caldo tiene un kusudungún.  Y cuando lo escucho usar su palabra me acuerdo de las veces que he conocido a alguien, o he visitado una comunidad o he sido testigo de algún acto de bondad que sin ser nada del otro mundo, tienen su kusudungún.  Saben a algo difícil de precisar que excede sus ingredientes: Es la misma sonrisa, la misma amabilidad, la misma canción, el mismo comedor infantil o lo que sea, pero hay en ellos una sazón exquisita, sencilla, que sitúa al alma en estado de adoración.  El kusudungún del reino de Dios lo quise llamar, con mucha menos originalidad que mi amigo, sabor a Evangelio.

Esa expresión, “Sabor a Evangelio”, se me ha metido en la cabeza desde hace cierto tiempo.  Y viendo la realidad de la vida, y recordando algunas de las penetrantes palabras de Jesús (“ustedes son la sal de la tierra...” o “el que pierda su vida por mi causa, la hallará”)  he pensado que nada en la vida va a ser más importante que tener “sabor a Evangelio” y permitir que otros también lo perciban y anhelen.  

Queremos el kusudungún que da la vida de Jesús en la nuestra.  Que haya algo raro, incomprensible y profundo haciéndonos diferentes a pesar de ser iguales.  Y que esa diferencia, de la cual no somos dueños sino recipientes mínimos, llene este mundo de consuelo, amor, belleza, justicia y verdad.

Con cariño 

San